RECUERDOS DE UN NIÑO CAMPAMENTERO EN LA CELEBRACIÓN DE LA BARRANCABERMEJA CENTENARIA. Jaime Corena

Actualizado: 22 sept

Recuerdo con profundos sentimientos de identidad y nostalgia, un lugar sinigual de la Barrancabermeja de mi niñez, recuerdo los campamentos con sus casas familiares, con una sala, cocina-comedor, patio y hasta dos alcobas, hechas de ladrillos, bloques o bahareque, y su cancha Shannon con su beisbol y Futbol, auténtico semillero de deporte recreativo y de figuras como Hugo Márquez y Rodrigo Gómez.


También como lo sugiere Fernando Acuña, hago presente el Quemadero de basura, las casas redondas, el cercano barrio Miramar y su cancha de Futbol, donde se hizo el gran Futbolista Arturo Solórzano y se cultivaron los Molina y los Thomas.


Evoco la avenida del ferrocarril sin pavimentar, repleta de bicicletas que iban y venían, hacia y desde la gran Refinería, montadas por obreros, entre estas, la de marca Humber de mi padre soldador. Los niños y niñas campamenteros en los días de descanso laboral o en las noches aprendiendo a montar estas bicicletas.


Traigo ahora y aquí, los sitios emblemáticos de los Campamentos: el tanque 85, el Centro juvenil, la Shannon, la Gramilla, el Puente, la Calle Ancha, Sintranal-Uso, la Lechería, el Rumbón, el Casino, Copetrolmag, el Club Infantas, las Casas de Solteros y la calle primera y su casa 16, donde nació la primera reina nacional del petróleo, DeysiNoreña. Las casas de solteros fueron habitadas por trabajadores sin familia.

Recuerdo la zapatería de Leónidas, situada al aire libre en la esquina principal de la Calle del Puente, que le daba la cara en la avenida Santander, al negocio del gran Gorroplo, vendedor de bananos y verduras e insaciable piropeador de mujeres. Leónidas reparaba además de calzado, bolsos escolares; el sol no acosaba su humanidad, ni la de sus asiduos visitantes, pues su oficio, sin pagar arriendo, lo hacia abajo un palo de mango.


Bajo ese palo de mango, aprendimos a leer, con las vigilancias de Leónidas, periódicos, boletines de la USO, novelas de pistoleros, y a escuchar los gritos de MAMONAZO vendiendo boleticas de juegos para obtener premios, quien también alquilaba revistas de diferente índole.


Evoco de las casas familiares de los campamentos, las cunetas, el gas domiciliario, los techos de Zinc, los estendederos y lavaderos, la malla circundante. De sus calles, los palos de mango, almendro y Grosella, y de sus ramas la fuente de los cantos de azulejos y coronitas.


También pongo en plano principal nuestros juegos de niños, las maras, los trompos y la elevada de Cometas para que la brisa de agosto del caño Cardales las reventara y las condujera a los barrios extra malla o a la vegetación que poblaba las orillas de legendaria ciénaga Miramar. Y de las orillas de la Miramar recuerdo el sitio La Pala, donde los niños ocultos aguaitábamos las parejas que allí iban a besarse.


Con mucho amor de Solar, recordamos los apellidos de las familias Acuña, Noreña, Meza, Vega, Berrio, Guerra, Navarro, Navajas, Puerta, Jaramillo, Buelvas, Madera, Jaraba, Gómez, Sierra, Serpa, Pava, Martínez, Vega, Herazo, Ruiz y Rincón.


Y de esas familias a sus hijas reinas en los carnavales barriales, Lola Ruiz, Graciela Martínez y Nohora Rincón, y a los jugadores de fútbol de mi edad, Gentil, Lula y Abelito. Y como olvidarlo al gran árbitro de Futbol, Jairo Ramón Serpa.


Brotan las lágrimas al ver presente a mi madre y Abuela, cuidarnos de todo mal y peligro, primero en la casa 162 vecina de Juancho Vega, y luego en la 240 vecina de casa de la reina Graciela Martínez. Y a escuchar los gritos de mi padre llamándonos a dormir temprano.


Las lágrimas no paran al precisar algunos de mis recuerdos del año 1963, caminando a diario, de ida y venida, hacia y desde el glorioso Colegio oficial, a cursar quinta elemental. Cruzábamos en ese caminar el puente Caracolito haciendo acrobacias, pues era un ducto de agua recubierto de cemento. El colegio estaba ubicado en la sede actual del colegio José A. Galán.


Y siguen mis sollozos al verme corriendo sin orientación en noviembre 22 de ese mismo año, cuando la gente gritaba mataron a Kennedy, y el camión de mudanza nos llevaba como familia que salía de los campamentos en proceso de demolición, a vivir a la calle 18 número 18-30 en el Barrio Pueblo Nuevo, donde empezamos a conocer la Barrancabermeja extra-malla que crecía ante nuestros ojos. Atrás quedaba la historia de un niño libre y feliz que siempre, recordaría las consignas de la huelga petrolera de 1963 y del paro cívico por agua y luz del mismo año, y la muerte trágica del muchacho Reales, alcanzado por una bala de la intolerancia.


Atrás quedaba la felicidad de haber vivido en un paraíso terrenal del juego y los saberes, donde cada ocho días había fiestas familiares o de colonias y aprendíamos a bailar y oír las canciones del momento. Digo para cerrar, por ahora, pues la emoción nos trajo hasta aquí, quizá luego en una nueva mañana, poseído por la ambrosía, retome el relato de otros recuerdos de mi Barrancabermeja proyectada milenaria y centenaria en el presente de celebraciones.


Por: Jaime Corena Parra

Barrancabermeja Febrero 15 de 2022.