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EL PADRE ROCERO...NACHO. (Por Daniel C.)

La llegada de la semana Santa en mi barrio Palmira era anunciada con quince días de anticipación con el recibo de un sobre de nuestra parroquia: Nuestra señora del Carmen, el cual contenía una nota donde no solo se daba a conocer los diferentes eventos con motivo de la crucifixión de Jesús, sino también solicitaban una “ofrenda voluntaria” para arreglar el templo; al final de la nota siempre la misma firma… la del presbítero Jesuita: Ignacio León Rosero Rivera, más conocido por el Padre Rosero o como mucha gente lo conocían: EL PADRE NACHO. Un cura venido de Túquerres (Nariño) llegado un día a finales de los años cincuenta a trabajar en un barrio sin iglesia.


Cómo olvidar esas procesiones de semana Santa en mi barrio y en ellas al padre Rosero con su megáfono caminando por las calles algunas "asfaltadas" y muchas sin "asfaltar" ... Sin importar el sol o la lluvia, rodeado por pobres y los menos pobres del barrio, tal vez pidiendo perdón por todos nosotros los niños con nuestras travesuras escuchadas por él, o pidiendo perdón por aquellos vecinos que muy seguramente le confesaban pecados más grandes que los nuestros, sin importar sí eran delincuentes o policías como él“ El Zurdo” o “Silva” el primero delinciente y el segundo del B2 vecinos seprados por muy pocoas casas del barrio.


No hay duda, él fue el fundador de la fe apostólica y Romana en mi barrio, tarea nada fácil por la competencia con otras dos iglesias cristianas, pero no católicas: La primera en forma de triángulo era precedida por un pastor jefe de la oficina de contratación de personal de ECOPETROL, era conocida por la sucesión de milagros de empleos en dicha empresa; por cierto muy prospera eran las ofrendas recibidas de sus ferigreses, pues el afortunado con el nuevo trabajo debía aportar quincenalmente el diez por ciento de su mesada antes de descuentos, valor que constataba en la oficina donde trabajaba por el mismo pastor; la iglesia unicada paradojicamante al lado de un estanquillo por no contar con las cualidades de un pastor similar a esta realmente no representaba ninguna competencia con la del padre nacho.


El padre Rosero construyó a pulso lo que hoy es la iglesia de Nuestra Señora del Carmen o iglesia Palmira, a punta de rifas de cabros y bazares, estos últimos recordados por las famosas pesca milagrosas (nombre plagiado muchos años más tarde por la guerrilla); nuestra pesca milagrosa se puede resumir en pocos pasos así: Nuestros padres amarraban un billete en una cuerda, la cuerda con el billete subía a un segundo piso y luego la cuerda bajaba con una sorpresa dentro de un cilindro de papel pequeño armado de cartulina y forrado en papel regalo de vistosos colores; nunca supe cuál de los dos era el más sorprendido: El niño cuando veía lo que traía adentro, así siempre un pito o una pirinola, o un caramelo de menta, o los padres del niño cuando veían que lo recibido en la sorpresa no superaba ni la quinta parte del valor del billete que había desaparecido en el segundo piso.


El padre Ignacio fue para los habitantes del barrio Palmira su Cristo encarnado; siempre bien vestido, con la ropa impecablemente limpia y planchada; con su voz casi de Chileno siempre acompañaba a sus feligreses en bautizos, confirmaciones, primeras comuniones y matrimonios, muchos de ellos sin realizar por la no llegada del novio; la imagen que más recuerdo era de esas novias hermosamente vestidas de blanco en el altar diciendo estas palabras antes de romper en llanto: "Ese Hijuep...me dejó plantada".


Sin duda ese padre hizo muchos milagros como en de hacer parecer una mañana al lado de su iglesia una torre petrolera que haría las veces de campanario, o lograr a una multitud asistir a su misa en una iglesia en donde se reunían sin falta a las cinco y treinta de la tarde todos los murciélagos de Barrancabermeja y sus alrededores; o salvarle la vida a cinco policías que eran apedreados contra uno de los muros de sus iglesias por una turba enfurecida durante el paro cívico de 1977, gracias al respeto que tenía sobre los manifestantes pues era uno de los sacerdotes que simpatizaba con la protesta social.


Pero había un milagro muy especial para toda Barrancabermeja, el de iluminar aquella torre petrolera con bombillos de diferentes colores colocados en extensiones eléctricas que caían en forma de cascada desde su mástil, hasta cada una de la casa de ubicadas alrededor del parque; esa iluminación se podía apreciar desde donde hoy queda la Universidad de la Paz, y era la mejor bienvenida a las personas especialmente estudiantes cuando llegaban para el mes de diciembre a Barrancabermeja.


El curita Rosero vivió muchos momentos alegres, pero también otros muy tristes como lo mencionó muchas veces “No es fácil ver partir a muchos amigos, darles los santos óleos y celebrar las misas de sus sepelios", como le pasó con mi padre... aquel carpintero del barrio, él de las puertas y ventanas en Guayacán, y reparador de las bancas rotas de la iglesia. No hay duda, que en Barrancabermeja vivió un Cristo, que vino del sur… de Túquerres, muy cerquita de Ipiales.


Por: Daniel E. Cañas G.