DON JULIO CARDONA. Por Arnulfo A. López Ortiz.

Actualizado: 7 nov

En la primera parte de la década del treinta, existió una gran fábrica de gaseosa: La Unión, la cual surtía varios puertos del río Magdalena. Estaba situada en la calle 10 (hoy calle 50) número 16-31, que por cierto su identificación mostraba a Blanca Nieves y sus siete enanos. Era propiedad de un paisa de apellido Arroyave con un socio y verdadero experto era Julio Cardona, quien había llegado de Cisneros (Antioquia).


La fábrica no producía suficiente para el gran mercado, por lo cual Don Julio se separó y fundó su propia fábrica de gaseosas: Gaseosas Cardonas, en la misma calle 10, pero en el número 15-66, y a su lado estableció la residencia de la familia. Era tanta la producción que la fábrica terminaba en la calle 9na (hoy calle 49), y ocupaba unas veinte personas. (algunos aseguran que más tarde se transformaría en las gaseosas Pinocho). No era la primera fábrica de gaseosas de Don Julio, ya había tenido fábricas en Puerto Berrío (Antioquía) y Puerto Santander; esta última sobre el río Lebrija.


Nuestro inigualable empresario, era corpulento y muy amable; se distinguió como gran servidor de la comunidad y como buen antioqueño por propiciar y patrocinar cuanto festival se quisiera organizar con aguardiente de pormedio. Su hogar era de los más distinguidos en la pequeña ciudad; su señora Doña Raquel Londoño era una matrona ejemplar, católica de verdad, generosa como ninguna.


El oficio de la distribución de las gaseosas lo ponía al frente de sus inmensos camiones, lo cual obligaba a Don Julio penetrara hasta al más pequeño negocio y por eso se perdía de la casa muy temprano en la mañana hasta muy en la noche, cuando regresaba alegre y contento no solo por las ventas del día, sino por la francachela y la diversión en aquel célebre primer “AmericanBar” de la esquina de la actual calle 51 con carrera 14 en los años 36-38.


Don Julio Cardona falleció en 1943, víctima de ántrax, ese día se conmovió la creciente ciudad, para acompañar el sepelio donde asistió toda Barrancabermeja, jamás igualado en esta ciudad para despedir una persona. Le dieron sepultura en el cementerio “MediaLegua” hoy Parque de la Vida; su tumba por muchos años fue la más visitada, flores y velas, tanto que se corrió de ser alguien milagroso; pero la devoción creció cuando al cuatro año de fallecido, sus familiares exhumaron el cadáver para trasladar los restos a la catedral, encontrando su cuerpo intacto... ¡MILAGRO! Se corrió la voz por toda Barrancabermeja: Tenía barba y uñas crecidas. Desde ese día, se incrementó la romería permanente, especialmente los lunes, día de las ánimas asegurando haber hecho varios milagros; sus restos aun hoy descansan en la catedral desde esa época, hoy la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús en frente a la Alcaldía.


Por Árnulfo A. López Ortiz.


Nota:

El texto aquí publicado fue tomado de la segunda edición de Anécdotas de Barrancabermeja. En la primera edición del libro impreso en el siglo pasado, el autor del escrito indicaba que después de la exhumación y de encontrar el cuerpo de Don Julio Cardona en tan buen estado; fueron muchas las personas que lo tomaba como santo, hasta que producto de un examen que se le realizó para iniciar los trámites de beatificación, se determinó que tan buen y honorable hombre, había muerto por envenenamiento con Arsénico, veneno que se puede dar en pequeña dosis y cuya principal característica o consecuencias de su uso es la conservación de los cuerpos.